Rehabilitación de Prótesis de cadera: Guía de Recuperación

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Víctor Díez

Fisioterapeuta Colegiado · N.º 10426 · Director Clínica Víctor Díez en las Rozas (Madrid)

Fecha de publicación: 24/06/2026

La prótesis total de cadera es una de las cirugías que mejor resuelve el dolor y la pérdida de función cuando la articulación está realmente desgastada. Pero el éxito quirúrgico y la recuperación real no son lo mismo: la cirugía cambia la articulación, y la rehabilitación es la que enseña al cuerpo a usarla bien. Esta guía te contamos todo lo que necesitas saber para la recuperación y rehabilitación de prótesis de cadera: fases, precauciones y cuándo conviene que un fisioterapeuta supervise tu avance.

¿Qué es la artroplastia de cadera y por qué la fisioterapia es clave?

La artroplastia total de cadera es la intervención en la que se sustituye la articulación dañada por componentes protésicos: un vástago en el fémur, una cabeza esférica y un cotilo en la pelvis. 

Se indica habitualmente cuando la artrosis avanzada —o, con menos frecuencia, una necrosis de la cabeza femoral, una fractura o una artritis— genera un dolor y una incapacidad que ya no responden a otros tratamientos.

La cirugía resuelve el problema mecánico, pero no devuelve por sí sola la fuerza, el equilibrio ni el patrón de marcha. 

Antes de operarse, la mayoría de los pacientes han pasado meses —a veces años— caminando con dolor, cojeando y evitando movimientos. 

Ese tiempo deja huella: musculatura debilitada (sobre todo glútea), un patrón de marcha alterado que el cerebro ha automatizado y, con frecuencia, dolor de espalda o de la otra cadera por compensación. La fisioterapia trabaja precisamente sobre eso que la cirugía no puede garantizar.

Comparativa de artrosis de cadera vs cadera normal

“Me han dicho que la cadera se rehabilita sola”: por qué esto no es del todo cierto

Es un mensaje que muchos pacientes reciben, a veces del propio entorno quirúrgico, y conviene matizarlo, porque parte de una observación real pero llega a una conclusión equivocada.

Lo cierto es que la cadera recupera el movimiento articular con más facilidad que la rodilla. No suele dar los problemas de rigidez que sí aparecen tras una prótesis de rodilla, y muchos pacientes caminan razonablemente pronto. Esa es la parte de verdad del mensaje. El error está en confundir “volver a caminar” con “recuperar la función”.

Caminar sin dolor agudo no significa caminar bien. Tras la cirugía es muy habitual que persista una cojera, una debilidad marcada del glúteo medio, una sensación de inseguridad al apoyar, una limitación para subir escaleras o levantarse de una silla baja, y compensaciones que con el tiempo terminan afectando a la zona lumbar o a la rodilla. Todo eso no se corrige solo.

La cuestión no es si la cadera necesita rehabilitación, sino qué tipo de rehabilitación necesita. 

En la mayoría de los casos no requiere un proceso tan largo ni tan complejo como la rodilla, pero sí necesita acompañamiento: alguien que valore cómo estás caminando realmente, que detecte la debilidad del glúteo y progrese las cargas con criterio. Dar por buena una recuperación a medias es uno de los motivos más frecuentes de problemas a medio plazo.

La vía quirúrgica condiciona la rehabilitación de prótesis de cadera

La mayoría de los pacientes recuperan una funcionalidad buena para la vida diaria entre los 3 y los 6 meses. La recuperación más completa —fuerza, propiocepción y tolerancia a cargas exigentes— puede prolongarse hasta los 12 meses.

No existe una duración estándar. Depende de factores como la condición física previa, la edad, la presencia o no de otras patologías asociadas (diabetes, obesidad, afectación de la otra rodilla), la adherencia al programa y la calidad del seguimiento fisioterápico.

Hay un matiz importante: la mejora clínica suele ir por delante de la recuperación funcional completa. Puedes sentirte bien antes de que la fuerza y la función estén realmente al nivel que permite una vida activa sin riesgo. Reanudar actividades exigentes fiándote solo de la sensación es uno de los errores más comunes.

Tipos de prótesis de cadera

Prehabilitación: cómo preparar tu cadera antes de la cirugía

La prehabilitación es el trabajo previo a la intervención para mejorar el punto de partida. Es una de las variables que más impacto tiene en la recuperación posterior y, sin embargo, una de las menos aprovechadas.

Una cadera que llega al quirófano con la musculatura más fuerte, con un sistema cardiovascular activo y con la otra pierna preparada se recupera antes y con menos compensaciones que una que llega muy deteriorada. 

En la práctica, la prehabilitación incluye fortalecimiento del glúteo y de la musculatura del muslo adaptado al dolor existente, trabajo de la zona central, mantenimiento de la movilidad posible y actividad cardiovascular de bajo impacto, como la bicicleta estática o la piscina. 

Conviene además trabajar de forma preventiva la pierna no operada y la zona lumbo-pélvica, que durante las primeras semanas van a asumir una carga extra. 

También es útil practicar de antemano el uso de las muletas o el andador y aprender cómo levantarse y acostarse correctamente: el postoperatorio inmediato se vuelve mucho menos desconcertante.

Fases de la rehabilitación de prótesis de cadera paso a paso

La rehabilitación de prótesis de cadera no es un proceso uniforme. Cada fase tiene objetivos distintos y la progresión debe guiarse por la respuesta real de tu cadera, no por una fecha en el calendario. Los plazos que siguen son orientativos.

Fase 1: Postoperatorio inmediato (Días 1 a 5)

El trabajo empieza el mismo día de la cirugía o al día siguiente. El objetivo no es la fuerza ni la movilidad completa, sino movilizar de forma controlada para evitar complicaciones, controlar el dolor y el edema y dar los primeros pasos con ayuda. 

En la mayoría de las prótesis actuales se permite la carga del peso del cuerpo de forma precoz, con apoyo de andador o muletas, lo que favorece una puesta en pie temprana. 

Los primeros ejercicios son contracciones suaves de glúteo y cuádriceps, movilización del tobillo y traslados —cama a silla, sentado a de pie— con técnica correcta. En esta fase también se enseñan las precauciones según la vía quirúrgica.

Cuando el paciente acude a la clínica en estas primeras semanas, en los casos en los que el edema postquirúrgico es marcado y persistente, podemos apoyar el tratamiento con la bomba diamagnética, una herramienta especialmente indicada para el control inflamatorio y la mejora de la microcirculación local. 

Su acción favorece el drenaje del componente inflamatorio y genera un entorno más favorable para la recuperación del tejido. No es imprescindible en todos los casos, pero cuando se indica aporta un apoyo real al tratamiento manual y al ejercicio.

Fase 2: Recuperación en casa (Semanas 1 a 6)

Tras el alta hospitalaria, el trabajo de rehabilitación se realiza en la clínica, donde se valora la evolución del paciente, se aplica el tratamiento manual y técnico, y se prescribe lo que debe complementar en casa entre sesiones. 

Es una fase más decisiva de lo que parece: aunque la cadera “responda bien”, es aquí donde se consolidan los buenos hábitos de movimiento o, por el contrario, se instalan las compensaciones que después cuesta corregir.

El objetivo principal en esta fase de rehabilitación de prótesis de cadera es recuperar una marcha funcional y de calidad. Se trabaja la reeducación del patrón de marcha con muletas, la retirada progresiva del apoyo según la tolerancia, el control del edema y un fortalecimiento muscular suave con especial atención al glúteo. En esta fase es habitual detectar las primeras señales de cojera residual y empezar a corregirlas antes de que se automaticen.

El tratamiento en clínica combina trabajo manual, movilizaciones articulares y analgesia con herramientas que aceleran la recuperación. La INDIBA / radiofrecuencia se emplea con frecuencia en esta fase para mejorar el metabolismo tisular, modular el dolor y favorecer la recuperación de los tejidos blandos, complementando muy bien el trabajo de movilizaciones manuales. 

Cuando existe una pérdida marcada de activación o de fuerza del glúteo medio, el Sistema Super Inductivo (SIS) entra como apoyo para la neuromodulación y la activación muscular, ayudando a recuperar fuerza y a mantener una musculatura funcional desde fases tempranas. 

También conviene introducir pronto el trabajo sobre la cicatriz —movilización del tejido y técnicas específicas— para prevenir adherencias y fibrosis que de otro modo podrían limitar el movimiento o generar molestias a medio plazo.

El ejercicio terapéutico supervisado empieza a tener un papel central, integrando movilidad, control y fortalecimiento progresivo. Desde el punto de vista práctico, es también la fase con más dudas sobre la vida cotidiana: cómo dormir, vestirse, ducharse o sentarse sin forzar la cadera. Resolverlas con el fisioterapeuta en cada sesión forma parte del tratamiento.

Fase 3: Fortalecimiento y control motor (Semanas 6 a 12)

Con la marcha sin muletas en progreso y las precauciones más estrictas habitualmente ya superadas, el foco se traslada hacia la función real: que la cadera estabilice el cuerpo, soporte cargas y responda de forma coordinada. 

Es también la fase en la que el trabajo se traslada al área de fisioterapia activa de la clínica, donde abordamos el fortalecimiento progresivo y la reeducación del movimiento en un entorno preparado para ello.

Gana protagonismo el trabajo de fuerza —sobre todo del glúteo medio y mayor— con ejercicios en cadena cinética cerrada, y el trabajo de equilibrio y propiocepción.

Es la fase en la que se ataca directamente la cojera residual: muchos pacientes mantienen un patrón de marcha automatizado durante meses de dolor previo, y solo se corrige con un trabajo específico de fuerza y control. Aquí es donde la readaptación funcional se integra de forma natural con el tratamiento, sin saltos entre fases.

Fase 4: Vuelta a la normalidad (Meses 3 a 6)

La última fase es la que más variabilidad presenta entre pacientes. Muchos llegan a los 3 meses con una función muy buena; otros necesitan algo más de tiempo. El ritmo depende de la condición previa, la edad, la vía quirúrgica y la adherencia al trabajo. 

En este período se orienta el trabajo a las actividades más exigentes: caminar distancias largas, estar de pie tiempo prolongado, subir y bajar escaleras con normalidad, retomar el trabajo o el ocio y, en algunos casos, preparar el cuerpo para deporte de bajo impacto.

Las herramientas de valoración objetiva —plataformas de fuerza y equilibrio, análisis de composición corporal, medición de simetrías entre la pierna operada y la contralateral— son especialmente útiles en esta fase para objetivar la evolución y decidir con datos cuándo el paciente está realmente preparado para volver a su nivel de actividad. 

Muchos pacientes mantienen miedo al movimiento o se autoimponen restricciones que ya no son necesarias; devolverles la confianza de forma segura también es parte del trabajo.

Ejercicios de rehabilitación de prótesis de cadera

Los ejercicios para la rehabilitación de prótesis de cadera varían según la fase. Lo que sigue es una referencia orientativa; la selección y la carga concretas deben estar siempre supervisadas por un profesional que conozca tu caso y tu vía quirúrgica.

Si en la rodilla el músculo protagonista es el cuádriceps, en la cadera lo es la musculatura glútea, y muy especialmente el glúteo medio. Su debilidad es la causa más frecuente de la cojera residual —la caída de la pelvis al apoyar, conocida como marcha de Trendelenburg— y de la sensación de inseguridad al caminar.

El trabajo progresa desde activaciones suaves en las primeras fases hasta trabajo en carga más avanzado. Los ejercicios más empleados incluyen la activación del glúteo medio y mayor, puentes, abducciones controladas, fortalecimiento del cuádriceps y de la musculatura del muslo, mini-sentadilla progresiva, trabajo de paso lateral y subida y bajada de escalón. La movilidad se trabaja dentro de los límites que marquen las precauciones, y cuando la evolución lo permite la bicicleta estática es un excelente ejercicio de bajo impacto.

El trabajo de equilibrio se introduce de forma progresiva —apoyo bipodal, monopodal, superficies inestables— y la reeducación de la marcha es un eje central. Identificar y corregir las compensaciones que se arrastran del período previo a la cirugía es uno de los trabajos donde la fisioterapia marca más diferencia en el resultado final.

Precauciones tras una prótesis de cadera

Durante las primeras semanas, mientras los tejidos cicatrizan y la musculatura recupera tono, la prótesis tiene un cierto riesgo de luxación: que la cabeza protésica se desplace de su posición. Es poco frecuente cuando se respetan unas pautas razonables, pero conviene conocerlas.

Las precauciones dependen de la vía quirúrgica. De forma orientativa, y especialmente en la vía posterior, durante las primeras semanas suele recomendarse:

  • Evitar flexionar la cadera por encima de 90 grados (no sentarse en sillas o sofás muy bajos).
  • No cruzar la pierna operada por delante de la otra ni juntar los tobillos cruzados.
  • Evitar girar el pie y la rodilla hacia dentro de forma forzada.
  • Usar ayudas para vestirse y calzarse, evitando flexionar la cadera para llegar al pie.

En la vía anterior, las precauciones se orientan más a evitar la extensión amplia y la rotación externa forzadas, y muchos protocolos son notablemente más permisivos. 

Por eso es importante no aplicar de forma automática lo que se lee en internet: lo válido es lo que indique tu cirujano para tu vía. Con el paso de las semanas, a medida que la cadera gana estabilidad y fuerza, estas restricciones se relajan de forma progresiva.

¿Cuánto tiempo dura la rehabilitación de prótesis de cadera?

Como referencia orientativa, muchos pacientes alcanzan una funcionalidad buena para las actividades de la vida diaria entre las 6 y las 12 semanas, y tienden a hacerlo de forma algo más rápida y predecible que tras una prótesis de rodilla

La recuperación completa —estabilización de la fuerza del glúteo, corrección definitiva de la cojera, propiocepción y tolerancia a cargas exigentes— puede prolongarse hasta los 6 o 12 meses en bastantes casos.

Los factores que más influyen son la condición física previa, la edad, la presencia de otras patologías, la vía quirúrgica, la calidad del hueso y la adherencia al programa de rehabilitación. 

Y un matiz importante: la mejora clínica suele ir por delante de la recuperación funcional completa. 

El paciente puede encontrarse “bien” —sin dolor, caminando— antes de que la fuerza y el control estén realmente al nivel que permite una vida activa sin compensaciones. Es justo en ese intervalo, cuando uno se siente bien pero todavía no lo está del todo, donde abandonar el trabajo deja recuperaciones a medias.

Deportes permitidos y desaconsejados

Los deportes de bajo impacto y sin cambios bruscos de dirección son los más compatibles con una prótesis total de cadera: caminar, senderismo moderado, natación, bicicleta, golf, marcha nórdica o pilates. La natación es muy recomendable, aunque en algunos casos conviene adaptar el estilo de braza por el movimiento amplio de cadera que implica.

Los deportes con impacto repetido, cargas elevadas o cambios de dirección rápidos —correr, tenis, pádel, esquí alpino, deportes de contacto— suponen una mayor exigencia sobre los componentes protésicos y, según el caso, pueden no estar recomendados o tolerarse solo de forma moderada. 

Conviene consultarlo con el cirujano y el fisioterapeuta antes de retomarlos. Lo que sí está bien documentado es que mantenerse activo con una prótesis de cadera es beneficioso: el sedentarismo favorece la pérdida de la musculatura periarticular y el deterioro funcional progresivo.

Consejos para el día a día en casa

La recuperación no ocurre solo en la clínica. Cómo te mueves, cómo te sientas, cómo te vistes y cómo duermes durante el resto del día influye directamente en la evolución, sobre todo en las primeras semanas.

  • Dormir: la posición más recomendada suele ser boca arriba. Si se duerme de lado, conviene hacerlo según la indicación del cirujano y, en general, colocar un cojín entre las piernas para evitar que la pierna operada cruce la línea media.
  • Vestirse y calzarse: son dos de los gestos que más flexión de cadera exigen. Pequeñas ayudas —calzadores largos, pinzas de alcance, sistemas para ponerse los calcetines— permiten llegar al pie sin doblar la cadera en exceso. Para sentarse, mejor asientos no demasiado bajos y con apoyabrazos; al levantarse, deslizarse hacia el borde y empujar con las manos en lugar de inclinar el tronco.
  • Escaleras: la regla habitual durante las primeras semanas es “la buena sube, la operada baja”, ayudándose del pasamanos y de la muleta. Con el fortalecimiento progresivo del glúteo y del cuádriceps, el patrón se va normalizando.

Signos de alarma: cuándo contactar con tu traumatólogo

La mayoría de las molestias durante la recuperación son esperables. Pero conviene contactar con el cirujano o acudir a urgencias si aparece alguna de estas señales:

  • Fiebre que no remite o aumento brusco del calor local en la zona de la herida.
  • Dolor que crece de forma marcada y sin causa aparente, en lugar de mejorar progresivamente con el paso de los días.
  • Cambio de coloración importante de la piel alrededor de la cicatriz, supuración o mal olor en la herida.
  • Hinchazón rápida y marcada de toda la pierna acompañada de dolor en la pantorrilla (posible trombosis venosa profunda).
  • Dolor súbito e intenso en la ingle con sensación de que la pierna “queda mal colocada”, no se puede apoyar o ha cambiado de longitud de forma brusca: puede orientar a una luxación de la prótesis.

El criterio general es claro: ante la duda, mejor consultar. Un problema detectado pronto siempre tiene mejor solución que uno diagnosticado tarde.

Preguntas frecuentes

Contenido del acordeón

En general resulta menos dolorosa que la de rodilla, porque no implica forzar un rango articular contra resistencia como ocurre al recuperar la flexión de la rodilla. Hay molestias propias de una cirugía reciente y del trabajo muscular, pero deben ser manejables. Si el dolor durante o después de los ejercicios es intenso o persiste mucho tiempo tras la sesión, conviene comunicárselo al fisioterapeuta para ajustar la carga.

Como orientación general, muchos pacientes vuelven a conducir en torno a las 4 a 6 semanas, una vez que pueden entrar y salir del coche sin forzar la cadera, no toman medicación que afecte a los reflejos y la capacidad de reacción es segura. Los plazos pueden ser algo más cortos cuando la cirugía ha sido en la pierna izquierda y se conduce un coche automático, y algo más prudentes cuando se ha operado la pierna derecha, porque es la responsable de la frenada y exige una respuesta rápida fiable. La decisión debe basarse en la capacidad real de reacción, no solo en la ausencia de dolor en reposo, y conviene confirmarlo con el equipo médico.

No es exacto. Es cierto que la cadera recupera la movilidad con más facilidad que la rodilla y que muchos pacientes caminan pronto, y de ahí viene la idea de que “se rehabilita sola”. Pero recuperar el movimiento no es lo mismo que recuperar la función. La debilidad del glúteo, la cojera, la inseguridad al apoyar o las compensaciones que sobrecargan la espalda no se corrigen solas. La fisioterapia no suele ser tan larga ni tan compleja como en la rodilla, pero marca una diferencia real en la calidad de la recuperación.

El riesgo de luxación existe, sobre todo en las primeras semanas y según la vía quirúrgica, pero es poco frecuente cuando se respetan las precauciones indicadas y se recupera la fuerza muscular que estabiliza la articulación. De hecho, una de las formas más eficaces de reducir ese riesgo es precisamente fortalecer bien la musculatura de la cadera, algo en lo que la rehabilitación tiene un papel directo. Con el paso de los meses, a medida que los tejidos cicatrizan y la musculatura se fortalece, la prótesis gana estabilidad y las precauciones se relajan.

Es una sensación frecuente tras la cirugía y casi siempre transitoria. Puede deberse a que durante los meses de artrosis la cadera se había “acortado” funcionalmente y ahora se percibe el cambio, a una basculación de la pelvis por debilidad muscular o a contracturas compensatorias. En la mayoría de los casos se corrige al recuperar la fuerza y reequilibrar la pelvis. Si la sensación es marcada y persiste, conviene valorarlo, ya que en una pequeña parte de los casos puede existir una diferencia real de longitud que el traumatólogo debe evaluar.

Cómo abordamos la rehabilitación de prótesis de cadera en Clínica Víctor Díez

En Clínica Víctor Díez integramos la rehabilitación de prótesis de cadera en un proceso continuo, sin saltos entre la fase de fisioterapia y la fase de readaptación. El tratamiento parte siempre de una valoración individualizada que tiene en cuenta la vía quirúrgica utilizada, las indicaciones del traumatólogo y el punto de partida real del paciente: su nivel previo de actividad, sus compensaciones acumuladas y sus objetivos.

En las fases iniciales podemos apoyar el tratamiento con tecnologías que utilizamos habitualmente en la clínica, cada una con un objetivo clínico distinto. La bomba diamagnética está especialmente indicada para el control inflamatorio y la mejora de la microcirculación, lo que la convierte en una buena aliada frente al edema postquirúrgico. La magnetoterapia de alta intensidad (Sistema Super Inductivo, SIS) se orienta al trabajo de neuromodulación y activación muscular, especialmente útil cuando interesa recuperar fuerza y mantener una musculatura funcional. Y la INDIBA / radiofrecuencia complementa el trabajo manual y de movilizaciones con un efecto analgésico y de mejora del metabolismo tisular. No son imprescindibles en todos los casos, pero cuando se indican aportan un apoyo real al tratamiento manual y al ejercicio.

A medida que la recuperación avanza, el trabajo se traslada al área de fisioterapia activa, donde abordamos el fortalecimiento del glúteo, la reeducación de la marcha y el control motor con un planteamiento de readaptación supervisada. Integramos también el trabajo específico sobre la cicatriz —movilización del tejido y técnicas para prevenir adherencias y fibrosis—, que ayuda a que la zona operada recupere movilidad y elasticidad sin restricciones a futuro. Disponemos además de herramientas de valoración objetiva —plataformas de fuerza y equilibrio, análisis de composición corporal por bioimpedancia y dispositivos de medición de movilidad y fuerza— que nos permiten objetivar la evolución del paciente y tomar decisiones basadas en datos, no solo en sensaciones.

Este enfoque integrado entre fisioterapia y readaptación es lo que nos permite acompañar al paciente desde el postoperatorio inmediato hasta la vuelta a su actividad real, sin dejarle a medio camino “porque ya camina bien”.

Bibliografía

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  • Sociedad Española de Cirugía Ortopédica y Traumatología. (s.f.). Documentación sobre artroplastia de cadera. https://www.secot.es

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Testimonios

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Equipo Humano

Nuestro equipo está formado por fisioterapeutas y profesionales graduados en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, especializados en recuperación funcional y readaptación de lesiones.

Victor Diez
Fisioterapeuta
Colegiado nº 10.426
Adrian Bernal
Fisioterapeuta
Colegiado nº 16.812
SERGIO ARÉVALO
Fisioterapeuta
Colegiado nº 15.061
ALVARO DÍAZ
Fisioterapeuta / Readaptador
Colegiado nº 18595
RAÚL LÓPEZ
Fisioterapeuta / Colegiado nº 18370

Edema Oseo

El edema óseo es una condición que se caracteriza por la acumulación de líquido en el hueso, generalmente como resultado de un trauma, sobrecarga o enfermedades degenerativas. Se tratan con magnetoterapia y adecuando las cargas.

Tendinopatías

Son lesiones en los tendones debido a sobrecargas o microtraumatismos repetidos. La fisioterapia utiliza técnicas de estiramiento, fortalecimiento y terapia manual para tratar el tendón afectado.

Rehabilitación de prótesis

Después de la colocación de una prótesis (por ejemplo, de rodilla o cadera), la fisioterapia es esencial para adaptarse a la nueva articulación, mejorar la movilidad y fortalecer los músculos circundantes.

Roturas musculares

Son lesiones en las fibras musculares. La fisioterapia se centra en la recuperación del tejido dañado, previniendo la formación de cicatrices y recuperando la fuerza y movilidad del músculo.

Calcificaciones

Son lesiones en las fibras musculares. La fisioterapia se centra en la recuperación del tejido dañado, previniendo la formación de cicatrices y recuperando la fuerza y movilidad del músculo.

Bursitis

Inflamación de la bursa, una pequeña bolsa llena de líquido que reduce la fricción entre los huesos y otros tejidos móviles. La fisioterapia busca reducir la inflamación y el dolor con técnicas como la EPI.

Fracturas

Después de una fractura ósea, la fisioterapia ayuda en la recuperación del movimiento y fortalecimiento del área afectada, tecnología como la magnetoterapia nos ayudar a acortar los tiempos de recuperación.

Rehabilitación postquirúrgica

Tras una intervención quirúrgica, la fisioterapia tiene como objetivo recuperar la función, fuerza y movilidad del área operada.

Fibromialgia

Es un trastorno caracterizado por dolor musculoesquelético generalizado y fatiga. La fisioterapia se centra en aliviar el dolor, mejorar el sueño y la función física a través de ejercicios y técnicas de relajación.

Artrosis

Es una enfermedad degenerativa de las articulaciones caracterizada por el desgaste del cartílago. La fisioterapia busca aliviar el dolor, mejorar la movilidad y fortalecer la musculatura alrededor de la articulación afectada.

Síndrome de la Articulación Sacroilíaca

Dolor en la parte baja de la espalda o glúteos causado por problemas en las articulaciones sacroilíacas.

Dorsalgia

Dolor en la región dorsal o media de la espalda.

Espondilolistesis

Es el desplazamiento hacia adelante de una vértebra sobre la que está debajo de ella.

Dolor Cervical o Cervicalgia

Es el dolor en la zona del cuello, que puede ser causado por múltiples razones, como malas posturas, estrés o lesiones

Estenosis Espinal

Es el estrechamiento del canal espinal que puede comprimir la médula espinal y los nervios, causando dolor y otros síntomas.

Escoliosis

Es una curvatura anormal de la columna vertebral hacia un lado. Aunque suele ser una afección congénita, puede ser tratada con fisioterapia para mejorar la postura y reducir el dolor.

Ciática

Es el dolor que se origina en la parte baja de la espalda y se irradia a lo largo del nervio ciático, que va desde la parte posterior de la pierna hasta el pie.

Hernia Discal

Es una afección en la cual un disco intervertebral se deteriora y puede presionar un nervio, causando dolor, debilidad o entumecimiento.

Lumbalgia o Dolor Lumbar

Es uno de los problemas más comunes y se refiere al dolor en la parte baja de la espalda. Puede ser agudo (corto plazo) o crónico (largo plazo).

Tendinitis de Aquiles

Es una inflamación o irritación del tendón de Aquiles, que conecta los músculos de la pantorrilla al hueso del talón.

Fascitis plantar

Es una inflamación de la fascia plantar, que es una banda gruesa de tejido que se encuentra en la planta del pie. Es común en corredores y en personas que están de pie durante largos períodos de tiempo.

Esguince de tobillo

Es una lesión de los ligamentos que conectan los huesos del tobillo. Suele ocurrir cuando el pie se tuerce o se dobla de manera anormal, estirando o desgarrando los ligamentos.

Lesión del ligamento colateral medial (LCM) o ligamento colateral lateral (LCL)

Estos ligamentos están en los lados interno y externo de la rodilla, respectivamente. Las lesiones suelen ser consecuencia de un impacto directo en la rodilla.

Síndrome de la cintila iliotibial

Es una lesión por fricción que causa dolor en la parte externa de la rodilla. Es común en corredores y ciclistas. La fisioterapia se centra en estiramientos y ejercicios de fortalecimiento.

Osteoartritis de rodilla

Es un desgaste del cartílago de la rodilla que lleva a la inflamación y dolor. Aunque no se puede revertir el daño del cartílago, la fisioterapia puede ayudar a manejar el dolor y mejorar la movilidad.

Lesión de menisco

Los meniscos son cartílagos en forma de C que actúan como amortiguadores entre el fémur y la tibia. Una lesión de menisco puede ser consecuencia de un movimiento brusco o un giro. La rehabilitación es fundamental para recuperar el rango completo de movimiento.

Tendinitis rotuliana

Es la inflamación del tendón rotuliano. Suele ser común en saltadores y corredores. La fisioterapia se centra en estiramientos y fortalecimiento de los músculos circundantes.

Condromalacia rotuliana

También conocida como «rodilla de corredor», se refiere al desgaste del cartílago detrás de la rótula. La fisioterapia ayuda a aliviar el dolor y mejorar la función de la rodilla.

Lesión del ligamento cruzado anterior (LCA)

Es una de las lesiones más comunes en deportistas, especialmente en aquellos que practican deportes de contacto o que requieren cambios bruscos de dirección. La fisioterapia es fundamental para recuperar la movilidad y fortaleza de la rodilla tras la lesión.

Lesiones labrales

Se refiere a un desgarro en el labrum, el anillo de cartílago que rodea la cavidad de la cadera. Estas lesiones pueden ser causadas por trauma, movimientos repetitivos o desgaste degenerativo.

Síndrome piriforme

El músculo piriforme, localizado en la región glútea, puede irritar o comprimir el nervio ciático, causando dolor en la cadera y a lo largo de la pierna.

Patología de los músculos de la cadera

Inflamación de los tendones de los músculos que rodean la cadera.

Osteoartritis de cadera

 Degeneración del cartílago articular de la cadera que causa dolor, rigidez y pérdida de movilidad en la articulación.

Bursitis trocantérica

Inflamación de la bursa situada entre el trocánter mayor del fémur y los tendones que pasan por encima de él. Esta condición puede causar dolor y sensibilidad en la parte exterior de la cadera.

Ganglión

Es un quiste lleno de líquido que se desarrolla cerca de una articulación o un tendón. Aunque puede aparecer en cualquier parte del cuerpo, es común en la muñeca.

Tenosinovitis de Quervain

Es una inflamación de la vaina que rodea los tendones de los pulgares en la muñeca. Esto causa dolor y sensibilidad en el lado del pulgar de la muñeca.

Síndrome del túnel carpiano

Es una condición en la cual hay presión excesiva en el nervio mediano, que pasa por el túnel carpiano en la muñeca. Puede causar dolor, entumecimiento y debilidad en la mano.

Bursitis olecraneana

Es la inflamación de la bursa ubicada en el codo, específicamente detrás del hueso olecranon. Puede ser causada por traumatismos, presión prolongada o enfermedades inflamatorias.

Epicondilitis/Epitrocleitis o codo de tenista/golfista

Son inflamaciones de los tendones que se insertan en los epicondilos del codo. La epicondilitis afecta el lado externo del codo (codo de tenista), mientras que la epitrocleitis afecta el lado interno (codo de golfista).

Inestabilidad del hombro

Se refiere a la incapacidad de la articulación del hombro para mantener la cabeza del húmero dentro de la cavidad glenoidea. Puede ser causada por lesiones, hiperlaxitud o debilidad muscular.

Bursitis subacromial

Es la inflamación de la bursa (una bolsa que se rellenade líquido que actúa como cojín entre tendones, músculos y huesos) situada debajo del acromion. Esta condición puede causar dolor y limitación de movimiento.

Capsulitis adhesiva o hombro congelado

Es una condición en la que la cápsula articular del hombro se inflama y se engrosa, lo que lleva a dolor y restricción de movimiento en el hombro.

Rotura del manguito rotador

Es una ruptura o desgarro de uno o más tendones del manguito rotador. Puede ser parcial o completa y puede ser causada por un trauma o desgaste a lo largo del tiempo.

Tendinopatía del manguito rotador

Es una lesión de los tendones del manguito rotador, los cuales rodean la cabeza del humero. Esta condición implica inflamación, calcificaciones, degeneración o rotura de estos tendones.

Contracturas musculares en cuello

Es un aumento de tensión o disfunción en los músculos del cuello que pueden causar dolor y limitación en el movimiento.

Torticollis

Es una condición en la cual la cabeza se inclina hacia un lado debido a una contracción muscular sostenida en el cuello. La fisioterapia puede ayudar a aliviar la tensión muscular y corregir la postura.

Radículopatías cervicales

Son trastornos que afectan las raíces nerviosas en la región cervical, causando dolor, debilidad y otros síntomas. La fisioterapia puede ser beneficiosa en el tratamiento de estos trastornos, ayudando a reducir el dolor y mejorar la función.

Hernias discales cervicales

Se refiere a la protrusión del disco intervertebral en la región cervical, lo que puede presionar los nervios cercanos causando dolor y otros síntomas. La fisioterapia puede ayudar a aliviar el dolor, mejorar la movilidad y fortalecer los músculos que soportan la columna cervical.

Cervicalgia

Es el dolor en la región cervical o del cuello. Puede ser causada por diversas razones, incluidos problemas musculares, óseos o nerviosos. La fisioterapia se enfoca en mejorar la movilidad, fortalecer los músculos y corregir posturas inadecuadas para aliviar el dolor.

Articulación Temporo Mandibular (ATM)

Es la articulación que conecta la mandíbula con el cráneo. Los trastornos de esta articulación pueden causar dolor en la mandíbula, cara, oído y cuello. La fisioterapia puede ayudar a mejorar la movilidad de la articulación y a reducir el dolor y la inflamación.

Migrañas

Son dolores de cabeza recurrentes e intensos que pueden durar de horas a días. A menudo se acompañan de náuseas, vómitos y sensibilidad a la luz o al sonido. La fisioterapia puede ser útil en la prevención y tratamiento de las migrañas, especialmente cuando estas están relacionadas con problemas musculares o posturales.

Cefalea tensional

Es un tipo de dolor de cabeza y cuello causado por la tensión y contracción muscular en el área del cuello y la cabeza. Es la forma más común de dolor de cabeza y se cree que está relacionada con el estrés, la ansiedad o las malas posturas. La fisioterapia puede ayudar a aliviar la tensión muscular y mejorar la postura, lo que a su vez puede reducir la frecuencia e intensidad de las cefaleas.

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En Clínica Víctor Díez queremos seguir creciendo y nos gustaría conocer profesionales que se adapten a nuestras necesidades y forma de trabajo. Buscamos Fisioterapeutas comprometidos, con muchas ganas de seguir aprendiendo y desarrollarse como profesionales.

Requisitos imprescindibles: Conocimientos altos en ecografia, formación en técnicas de fisioterapia invasiva (punción seca, EPI…), experiencia trabajando con pacientes privados, se valoraran otro tipo de especialidades.