Rehabilitación de Prótesis de Rodilla: Guía para tu Recuperación

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Víctor Díez

Fisioterapeuta Colegiado · N.º 10426 · Director Clínica Víctor Díez en las Rozas (Madrid)

Fecha de publicación: 24/06/2026

La cirugía de prótesis de rodilla es solo la mitad del trabajo. La otra mitad —la que decide si vas a subir escaleras sin agarrarte, caminar sin cojear o retomar tus actividades— empieza en cuanto sales del quirófano: la rehabilitación. Esta guía recoge, sin rodeos y con criterio clínico, qué esperar en cada fase, cómo avanzar y cuándo conviene que un fisioterapeuta especializado supervise la rehabilitación de prótesis de rodilla. 

¿Qué es la artroplastia de rodilla y por qué la fisioterapia es clave?

La artroplastia total de rodilla es una intervención en la que se sustituyen las superficies articulares dañadas por componentes protésicos de metal y polietileno.

Este tipo de intervención está indicada en casos en los que el desgaste —generalmente por artrosis avanzada— genera un dolor e incapacidad funcional que ya no responde a otros tratamientos.

El resultado quirúrgico puede ser excelente, pero lo que determina cuánto recuperas en la vida real es en gran parte lo que hagas durante la rehabilitación.

La fisioterapia postoperatoria recupera la movilidad, fortalece la musculatura estabilizadora, reeduca la marcha, controla el dolor y el edema y prepara al cuerpo para asumir cargas de forma progresiva.

Sin un proceso bien dirigido, es habitual perder rango de movimiento, no recuperar la fuerza del muslo o arrastrar compensaciones que acaban generando molestias en cadera o espalda baja.

Tras una artoplastia de rodilla, la rehabilitación es imprescindible

Errores frecuentes durante la recuperación

Prótesis total y prótesis parcial: en qué se diferencia la recuperación

La prótesis total sustituye las tres superficies articulares; la parcial o unicompartimental, solo el compartimento dañado, dejando intactos los ligamentos cruzados y las estructuras sanas. La parcial suele asociarse a una recuperación algo más rápida en las primeras semanas y a un retorno más temprano a la actividad.

Aun así, los principios son los mismos en ambos casos: hay que recuperar extensión, flexión, fuerza del cuádriceps, propiocepción y confianza en la rodilla. Lo que cambia son los plazos orientativos y la tolerancia inicial a la carga, no el contenido del trabajo. 

Por eso el plan debe ajustarse a tu situación concreta —cómo llegabas a la cirugía, cómo está respondiendo la rodilla y qué objetivos tienes—, no al tipo de implante en abstracto.

¿Cuánto tiempo dura la rehabilitación de una prótesis de rodilla?

La mayoría de los pacientes recuperan una funcionalidad buena para la vida diaria entre los 3 y los 6 meses. La recuperación más completa —fuerza, propiocepción y tolerancia a cargas exigentes— puede prolongarse hasta los 12 meses.

No existe una duración estándar: depende de la condición física previa, la edad, otras patologías asociadas (diabetes, obesidad, afectación de la otra rodilla), la adherencia al programa y la calidad del seguimiento fisioterápico.

Hay un matiz importante: la mejora clínica suele ir por delante de la recuperación funcional completa. Puedes sentirte bien antes de que la fuerza y la función estén realmente al nivel que permite una vida activa sin riesgo. Reanudar actividades exigentes fiándote solo de la sensación es uno de los errores más comunes.

Rehabilitación de prótesis de rodilla: preparación previa

La rehabilitación es el trabajo previo a la intervención para mejorar el punto de partida. No siempre se ofrece de forma estándar y es una de las diferencias que más impacto tiene en los resultados.

El principio es sencillo: una rodilla que llega a la cirugía con más fuerza, mejor movilidad residual y un sistema cardiovascular activo se recupera más rápido y con menos complicaciones que otra deteriorada por meses de inactividad y dolor.

En la práctica incluye fortalecimiento de cuádriceps, isquiotibiales y glúteo adaptados al dolor del momento, trabajo de movilidad dentro de los límites posibles y, cuando es viable, actividad cardiovascular de bajo impacto como bicicleta estática o piscina.

También conviene preparar el miembro contralateral y la zona lumbo-pélvica, que durante la recuperación recibirán carga extra.

Fases de la rehabilitación de prótesis de rodilla

La rehabilitación no es un proceso lineal: cada fase tiene objetivos distintos y la progresión la marca la respuesta de tu rodilla, no el calendario. Esta tabla resume los hitos orientativos. 

Fases de rehabilitación de prótesis de rodilla

Fase 1: postoperatorio inmediato (días 1 a 5)

El objetivo no es trabajar la fuerza ni la movilidad completa, sino movilizar de forma controlada, controlar el dolor y el edema y empezar a recuperar la prioridad más crítica del postoperatorio inmediato: la extensión completa de rodilla. Perder la extensión total en estas primeras jornadas es uno de los problemas que más complican la recuperación posterior. Los primeros ejercicios son sencillos: contracciones isométricas del cuádriceps, elevaciones del miembro en extensión, trabajo de tobillo y los primeros pasos con andador en las 24 h siguientes a la cirugía. Junto a ello, crioterapia, elevación del miembro y, en clínicas que disponen de ellas, tecnologías específicas para reducir la inflamación.

Fase 2: recuperación en casa (semanas 1 a 6)

Tras el alta hospitalaria, el trabajo continúa en casa y, idealmente, también en una clínica de fisioterapia. Es una fase crítica: muchos problemas que se arrastran meses tienen su origen en haberla gestionado mal. El objetivo principal es recuperar el rango de movimiento funcional. La flexión progresa de forma gradual, buscando los 90° en torno a las semanas 4-6 como referencia orientativa. La extensión completa debe conseguirse y mantenerse desde el principio: si existe un déficit pasado el primer mes, conviene abordarlo de forma prioritaria. En paralelo se trabaja el fortalecimiento (cuádriceps y glúteo), la marcha con muletas y su retirada progresiva, y el control del edema.

Fase 3: fortalecimiento y propiocepción (semanas 7 a 12)

Con la movilidad en progresión y la marcha sin muletas recuperada, el foco se traslada a la función real: que la rodilla soporte cargas, absorba impactos y responda de forma coordinada. Se intensifica el trabajo de fuerza con ejercicios en cadena cinética cerrada —sentadillas parciales, prensa, subida a escalón— y gana protagonismo el trabajo propioceptivo: equilibrio, control motor y estabilización articular. La prótesis ha cambiado las estructuras mecánicas y también la información sensorial; el sistema nervioso necesita reaprender a procesar las señales de esa nueva rodilla.

Fase 4: vuelta a la normalidad y readaptación avanzada (meses 3 a 6)

Es la fase con más variabilidad entre pacientes. El ritmo depende de la condición preoperatoria, la edad, la calidad del hueso y la adherencia al programa. El trabajo se orienta a actividades más exigentes: caminar distancias largas, escaleras sin apoyo, retomar trabajo o ocio que requiera estar de pie y, cuando procede, preparar el cuerpo para deporte de bajo impacto.

La readaptación en este período no es solo física. Muchos pacientes desconfían de la rodilla o se autoimponen restricciones que ya no son necesarias. El acompañamiento del fisioterapeuta tiene también una dimensión psicológica.

FaseDuraciónObjetivos principalesHitos espeables
Fase 1 Días 1 a 5Movilidad controlada, control de dolor y edema, recuperar la extensiónPrimeros pasos con andador en las 24 h tras la cirugía
Fase 2 Semanas 1 a 6Recuperar rango funcional, fortalecer cuádriceps y glúteo, reeducar la marchaFlexión orientativa de 90° hacia las semanas 4–6 y reducción de muletas
Fase 3Semanas 7 a 12Fuerza en cadena cinética cerrada, propiocepción, control motorMarcha sin muletas estable y mejora clara de la fuerza del cuádriceps
Fase 4Meses 3 a 6 (y hasta 12)Readaptación funcional y vuelta a la actividad y al deporte de bajo impactoTolerancia a cargas reales, escaleras sin apoyo y autonomía completa

Tecnologías y herramientas que utilizamos en clínica

El núcleo de la rehabilitación es siempre el ejercicio terapéutico bien pautado. A partir de ahí, hay tecnologías que ayudan a controlar el dolor y el edema, reactivar la musculatura inhibida o acelerar fases concretas. En Clínica Víctor Díez utilizamos las siguientes.

Radiofrecuencia INDIBA

La radiofrecuencia INDIBA actúa a nivel celular: mejora la microcirculación, ayuda a movilizar líquidos y favorece el metabolismo de los tejidos en recuperación.

La utilizamos sobre todo para reducir la inflamación postquirúrgica, controlar el dolor y mejorar la calidad de los tejidos blandos en fases en las que aún no toleran un trabajo manual intenso.

Bien indicada, da margen para que la sesión de ejercicio sea más productiva y mejor tolerada; no sustituye al trabajo activo, lo facilita.

Sistema Super Inductivo (SIS) para reactivar el cuádriceps

Tras la artroplastia, el cuádriceps suele costar de activar: el dolor y la inflamación generan una inhibición muscular en la que el músculo «está» pero el sistema nervioso no lo recluta bien. En la práctica, al paciente le cuesta extender la rodilla contra resistencia o sostener la pierna en el aire.

El SIS genera campos electromagnéticos de alta intensidad que provocan una contracción muscular profunda sin requerir un esfuerzo voluntario excesivo. Es especialmente útil en las fases 1 y 2 para acompañar la reactivación del cuádriceps. Combinado con el trabajo activo, ayuda a que la curva de fuerza arranque antes.

Bomba diamagnética para el control del edema

El edema postquirúrgico de rodilla persiste varias semanas y limita la flexión y la activación muscular. La bomba diamagnética actúa sobre el componente líquido de los tejidos, favoreciendo el drenaje y la microcirculación local.

En determinados casos nos permite intervenir sobre la inflamación interna de forma específica, complementando el trabajo activo y las medidas habituales.

Ejercicio terapéutico supervisado

Por encima de cualquier tecnología, el ejercicio terapéutico es el verdadero motor de la recuperación: reconstruye fuerza, estabilidad, propiocepción y confianza. Trabajamos con sesiones individuales y planes individualizados, supervisados por fisioterapeutas y graduados en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, ajustando la carga en cada sesión. Las tecnologías ayudan; el ejercicio bien pautado es el que decide el resultado final.

Ejercicios de rehabilitación de prótesis de rodilla

Lo que sigue es una referencia orientativa. La selección, la carga y la intensidad deben estar siempre supervisadas por un profesional que conozca tu caso.

1. Movilidad articular y estiramientos

Recuperar el rango es uno de los objetivos centrales de las primeras semanas: flexo-extensión activa y asistida en sedestación (deslizar el talón sobre una superficie), trabajo en decúbito prono para la extensión pasiva por gravedad cuando hay tendencia al flexo y estiramientos de isquiotibiales en posiciones adaptadas. 

Cuando la flexión supera los 90°, la bicicleta estática es una buena opción de movilidad con bajo impacto.

2. Fuerza

El cuádriceps es el músculo más afectado y su recuperación es uno de los predictores más importantes de la funcionalidad final. 

Los ejercicios progresan desde isométricos en las primeras fases hasta cadena cinética cerrada: contracción isométrica de cuádriceps, elevación de la pierna extendida, mini-sentadilla bilateral y unilateral, prensa con rango controlado, subida y bajada de escalón, y fortalecimiento de glúteo y cadera. Un aumento del dolor o del edema tras la sesión indica carga excesiva.

3. Equilibrio y reeducación de la marcha

El trabajo propioceptivo se introduce desde la fase 2-3: apoyo bipodal, paso a unipodal, superficies inestables y control de cadera y rodilla en gestos funcionales. 

La reeducación de la marcha es otro eje central: durante el período de mayor dolor es habitual desarrollar patrones compensatorios (extensión insuficiente al apoyar, lateralización del tronco, paso asimétrico) que conviene identificar y corregir.

Errores frecuentes durante la recuperación

Hay errores que vemos repetirse en consulta y que retrasan la recuperación o consolidan limitaciones que después cuestan revertir.

  • Dejar de hacer ejercicio cuando el dolor desaparece. El alivio del dolor no equivale a recuperación funcional; al sentirse bien se abandona el programa y meses después la fuerza del cuádriceps no ha terminado de recuperarse.
  • Forzar la flexión a base de empujar con dolor. Ganar grados no es cuestión de empujar más fuerte. Forzar por encima del umbral genera inflamación al día siguiente que puede hacer perder lo ganado.
  • Descuidar la extensión completa. Muchos pacientes se obsesionan con flexionar más y olvidan que la extensión total es la prioridad de las primeras semanas. Un déficit pasado el primer mes condiciona la marcha y la función a largo plazo.
  • Abandonar las muletas demasiado pronto. Soltarlas antes de tiempo, sobre todo si el cuádriceps no responde, lleva a desarrollar patrones de marcha compensatorios que después cuestan corregir.
  • Compararse con el compañero de habitación. El ritmo de recuperación depende de la edad, la condición previa y muchos otros factores. Compararte con otro paciente operado el mismo día casi nunca aporta información útil.
  • Volver al deporte por sensaciones, no por capacidad. Sentirse bien no significa estar preparado: la fuerza y la propiocepción van por detrás del alivio del dolor.

Mitos sobre la prótesis de rodilla

  • «Cuanto más duela el ejercicio, mejor está funcionando». Falso. El dolor durante la rehabilitación debe ser tolerable y no disparar la inflamación. Un dolor que persiste horas después de la sesión es señal de carga excesiva, no de progreso.
  • «Si ya no me duele, no necesito seguir rehabilitando». El alivio del dolor llega antes que la recuperación funcional. Abandonar al sentirse bien suele dejar déficits de fuerza y propiocepción que se notan meses después.

«Con una prótesis no podré hacer deporte nunca más». Tampoco. La mayoría de pacientes pueden retomar actividad física de bajo y moderado impacto. Lo que cambia es la selección de actividades, no la posibilidad de moverte.

Deportes permitidos y desaconsejados

La respuesta no es binaria: depende del tipo de prótesis, la edad y la calidad de la recuperación funcional. Los deportes con bajo impacto y sin cambios de dirección bruscos son los más compatibles: natación, bicicleta, golf, marcha nórdica, senderismo moderado, remo o pilates.

Los que implican impacto repetido, cargas elevadas o cambios de dirección rápidos —correr, tenis, esquí alpino, pádel o deportes de contacto— exigen más a los componentes protésicos y, según el caso, pueden no estar recomendados o solo tolerarse de forma moderada. Conviene consultarlo con el cirujano y el fisioterapeuta antes de retomarlos. Lo que sí está bien documentado es que mantenerse activo con prótesis es beneficioso; el sedentarismo, en cambio, favorece la pérdida de musculatura y el deterioro funcional progresivo.

Consejos para el día a día en casa

La recuperación no ocurre solo en la clínica. Cómo te mueves, te sientas, te levantas y duermes influye directamente en la evolución.

¿Cómo dormir con una prótesis de rodilla?

En las primeras semanas, dormir boca arriba con la pierna en extensión suele ser la posición más tolerable. Colocar un cojín bajo el tobillo —no bajo la rodilla— ayuda a mantener una extensión pasiva que beneficia el rango. Dormir de lado es posible aunque puede generar más molestias; en ese caso, un cojín entre las rodillas reduce la presión. Lo que conviene evitar es dormir con la rodilla en flexión sostenida (almohada bajo el hueco poplíteo): favorece un déficit de extensión que después cuesta revertir.

Trucos para subir y bajar escaleras

Al subir, la pierna operada va primero solo cuando la musculatura tenga fuerza para hacerlo controladamente; hasta entonces, sube primero la pierna sana. Al bajar, la operada baja primero siempre, ya que necesita el control excéntrico. Con el fortalecimiento progresivo del cuádriceps, el patrón se normaliza. La subida y bajada de un escalón bajo es buen ejercicio para preparar este gesto.

¿Y si han pasado meses y mi rodilla no termina de recuperar?

Es una situación frecuente: pacientes que llegan 6, 9 o 12 meses después de la cirugía con una rodilla que «funciona, pero no del todo». Falta fuerza, falta confianza, hay molestias al subir escaleras o al estar mucho tiempo de pie.

En muchos de estos casos todavía hay margen real de mejora. La rehabilitación no termina a los tres meses por decreto, y una valoración funcional puede identificar dónde están los déficits —fuerza específica del cuádriceps, control motor, simetría con la otra pierna— para diseñar un plan dirigido a cerrar esos huecos. Si te reconoces aquí, no asumas que ya es tarde: consulta antes de resignarte.

Signos de alarma: cuándo acudir al traumatólogo

La mayoría de las molestias durante la recuperación son esperables, pero hay señales que requieren atención sin demora: fiebre superior a 38 ºC que no remite, aumento brusco del dolor o del calor local, cambios de coloración importantes alrededor de la herida, supuración o mal olor en la cicatriz, hinchazón muy rápida y marcada de toda la extremidad acompañada de dolor en la pantorrilla (posible trombosis venosa profunda) o sensación de inestabilidad repentina que antes no tenías.
Ante la duda, mejor consultar. Un problema detectado pronto tiene siempre mejor solución.

Preguntas frecuentes

Contenido del acordeón

Las primeras semanas son exigentes desde el punto de vista del dolor: la cirugía genera inflamación y la recuperación del rango implica superar cierta resistencia dolorosa. Dicho esto, el dolor debe ser manejable, no «heroico». Si es muy intenso o persiste mucho tras la sesión, conviene comunicárselo al fisioterapeuta para ajustar la carga. La mejora suele ser muy notable a partir del mes y medio o dos meses, aunque la sensibilidad ocasional puede persistir hasta bien entrado el primer año.

Depende de la pierna operada, del tipo de coche y de cómo haya progresado la recuperación. Como orientación, en pierna derecha y vehículo manual, lo habitual son entre 6 y 8 semanas, una vez que el reflejo de frenada sea seguro y no haya dolor al maniobrar. En automáticos o cirugía de pierna izquierda, los plazos pueden ser menores. La decisión debe tomarse valorando la capacidad real de reacción, no solo la ausencia de dolor en reposo.

Sí, es muy frecuente y en la mayor parte de los casos no tiene significado patológico: pueden deberse al movimiento de los componentes entre sí o a cambios en la tensión de los tejidos durante la cicatrización. Lo relevante es si van acompañados de dolor, bloqueo, inestabilidad o cambios funcionales. Si son aislados, lo más probable es que sean normales; si se asocian a molestias, conviene consultarlo con el traumatólogo.

Arrodillarse no daña la prótesis, pero suele resultar incómodo durante los primeros meses por la sensibilidad de la cicatriz. Pasados los primeros 3-6 meses, si el cirujano no ha indicado lo contrario, puede empezarse a probar el apoyo sobre superficies blandas, de forma progresiva. La sensación de «acartonamiento» sobre la cicatriz puede persistir bastante tiempo, pero no implica daño.

Orientativamente, entre 15 y 25 años, dependiendo del tipo de implante, el nivel de actividad, el peso y la calidad de los tejidos. Mantener una buena musculatura periarticular y evitar sobrecargas innecesarias contribuye a alargar la vida del implante.

Sí, una hinchazón residual a los 3 meses no es excepcional. El edema puede tardar varios meses en reabsorberse, sobre todo si hay mucha actividad o muchas horas de pie. Lo importante es que la tendencia sea descendente: si aumenta de nuevo, va con dolor creciente o cambia bruscamente, conviene una valoración.

Una parte siempre se hace en casa: ejercicios pautados, postura, hábitos de descanso. Pero la supervisión profesional es la que ajusta la carga, corrige compensaciones y evalúa la progresión. La combinación de trabajo en clínica y trabajo autónomo bien guiado es la que mejores resultados da, especialmente en las primeras semanas y en la fase de readaptación funcional.

Bibliografía

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Equipo Humano

Nuestro equipo está formado por fisioterapeutas y profesionales graduados en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, especializados en recuperación funcional y readaptación de lesiones.

Victor Diez
Fisioterapeuta
Colegiado nº 10.426
Adrian Bernal
Fisioterapeuta
Colegiado nº 16.812
SERGIO ARÉVALO
Fisioterapeuta
Colegiado nº 15.061
ALVARO DÍAZ
Fisioterapeuta / Readaptador
Colegiado nº 18595
RAÚL LÓPEZ
Fisioterapeuta / Colegiado nº 18370

Edema Oseo

El edema óseo es una condición que se caracteriza por la acumulación de líquido en el hueso, generalmente como resultado de un trauma, sobrecarga o enfermedades degenerativas. Se tratan con magnetoterapia y adecuando las cargas.

Tendinopatías

Son lesiones en los tendones debido a sobrecargas o microtraumatismos repetidos. La fisioterapia utiliza técnicas de estiramiento, fortalecimiento y terapia manual para tratar el tendón afectado.

Rehabilitación de prótesis

Después de la colocación de una prótesis (por ejemplo, de rodilla o cadera), la fisioterapia es esencial para adaptarse a la nueva articulación, mejorar la movilidad y fortalecer los músculos circundantes.

Roturas musculares

Son lesiones en las fibras musculares. La fisioterapia se centra en la recuperación del tejido dañado, previniendo la formación de cicatrices y recuperando la fuerza y movilidad del músculo.

Calcificaciones

Son lesiones en las fibras musculares. La fisioterapia se centra en la recuperación del tejido dañado, previniendo la formación de cicatrices y recuperando la fuerza y movilidad del músculo.

Bursitis

Inflamación de la bursa, una pequeña bolsa llena de líquido que reduce la fricción entre los huesos y otros tejidos móviles. La fisioterapia busca reducir la inflamación y el dolor con técnicas como la EPI.

Fracturas

Después de una fractura ósea, la fisioterapia ayuda en la recuperación del movimiento y fortalecimiento del área afectada, tecnología como la magnetoterapia nos ayudar a acortar los tiempos de recuperación.

Rehabilitación postquirúrgica

Tras una intervención quirúrgica, la fisioterapia tiene como objetivo recuperar la función, fuerza y movilidad del área operada.

Fibromialgia

Es un trastorno caracterizado por dolor musculoesquelético generalizado y fatiga. La fisioterapia se centra en aliviar el dolor, mejorar el sueño y la función física a través de ejercicios y técnicas de relajación.

Artrosis

Es una enfermedad degenerativa de las articulaciones caracterizada por el desgaste del cartílago. La fisioterapia busca aliviar el dolor, mejorar la movilidad y fortalecer la musculatura alrededor de la articulación afectada.

Síndrome de la Articulación Sacroilíaca

Dolor en la parte baja de la espalda o glúteos causado por problemas en las articulaciones sacroilíacas.

Dorsalgia

Dolor en la región dorsal o media de la espalda.

Espondilolistesis

Es el desplazamiento hacia adelante de una vértebra sobre la que está debajo de ella.

Dolor Cervical o Cervicalgia

Es el dolor en la zona del cuello, que puede ser causado por múltiples razones, como malas posturas, estrés o lesiones

Estenosis Espinal

Es el estrechamiento del canal espinal que puede comprimir la médula espinal y los nervios, causando dolor y otros síntomas.

Escoliosis

Es una curvatura anormal de la columna vertebral hacia un lado. Aunque suele ser una afección congénita, puede ser tratada con fisioterapia para mejorar la postura y reducir el dolor.

Ciática

Es el dolor que se origina en la parte baja de la espalda y se irradia a lo largo del nervio ciático, que va desde la parte posterior de la pierna hasta el pie.

Hernia Discal

Es una afección en la cual un disco intervertebral se deteriora y puede presionar un nervio, causando dolor, debilidad o entumecimiento.

Lumbalgia o Dolor Lumbar

Es uno de los problemas más comunes y se refiere al dolor en la parte baja de la espalda. Puede ser agudo (corto plazo) o crónico (largo plazo).

Tendinitis de Aquiles

Es una inflamación o irritación del tendón de Aquiles, que conecta los músculos de la pantorrilla al hueso del talón.

Fascitis plantar

Es una inflamación de la fascia plantar, que es una banda gruesa de tejido que se encuentra en la planta del pie. Es común en corredores y en personas que están de pie durante largos períodos de tiempo.

Esguince de tobillo

Es una lesión de los ligamentos que conectan los huesos del tobillo. Suele ocurrir cuando el pie se tuerce o se dobla de manera anormal, estirando o desgarrando los ligamentos.

Lesión del ligamento colateral medial (LCM) o ligamento colateral lateral (LCL)

Estos ligamentos están en los lados interno y externo de la rodilla, respectivamente. Las lesiones suelen ser consecuencia de un impacto directo en la rodilla.

Síndrome de la cintila iliotibial

Es una lesión por fricción que causa dolor en la parte externa de la rodilla. Es común en corredores y ciclistas. La fisioterapia se centra en estiramientos y ejercicios de fortalecimiento.

Osteoartritis de rodilla

Es un desgaste del cartílago de la rodilla que lleva a la inflamación y dolor. Aunque no se puede revertir el daño del cartílago, la fisioterapia puede ayudar a manejar el dolor y mejorar la movilidad.

Lesión de menisco

Los meniscos son cartílagos en forma de C que actúan como amortiguadores entre el fémur y la tibia. Una lesión de menisco puede ser consecuencia de un movimiento brusco o un giro. La rehabilitación es fundamental para recuperar el rango completo de movimiento.

Tendinitis rotuliana

Es la inflamación del tendón rotuliano. Suele ser común en saltadores y corredores. La fisioterapia se centra en estiramientos y fortalecimiento de los músculos circundantes.

Condromalacia rotuliana

También conocida como «rodilla de corredor», se refiere al desgaste del cartílago detrás de la rótula. La fisioterapia ayuda a aliviar el dolor y mejorar la función de la rodilla.

Lesión del ligamento cruzado anterior (LCA)

Es una de las lesiones más comunes en deportistas, especialmente en aquellos que practican deportes de contacto o que requieren cambios bruscos de dirección. La fisioterapia es fundamental para recuperar la movilidad y fortaleza de la rodilla tras la lesión.

Lesiones labrales

Se refiere a un desgarro en el labrum, el anillo de cartílago que rodea la cavidad de la cadera. Estas lesiones pueden ser causadas por trauma, movimientos repetitivos o desgaste degenerativo.

Síndrome piriforme

El músculo piriforme, localizado en la región glútea, puede irritar o comprimir el nervio ciático, causando dolor en la cadera y a lo largo de la pierna.

Patología de los músculos de la cadera

Inflamación de los tendones de los músculos que rodean la cadera.

Osteoartritis de cadera

 Degeneración del cartílago articular de la cadera que causa dolor, rigidez y pérdida de movilidad en la articulación.

Bursitis trocantérica

Inflamación de la bursa situada entre el trocánter mayor del fémur y los tendones que pasan por encima de él. Esta condición puede causar dolor y sensibilidad en la parte exterior de la cadera.

Ganglión

Es un quiste lleno de líquido que se desarrolla cerca de una articulación o un tendón. Aunque puede aparecer en cualquier parte del cuerpo, es común en la muñeca.

Tenosinovitis de Quervain

Es una inflamación de la vaina que rodea los tendones de los pulgares en la muñeca. Esto causa dolor y sensibilidad en el lado del pulgar de la muñeca.

Síndrome del túnel carpiano

Es una condición en la cual hay presión excesiva en el nervio mediano, que pasa por el túnel carpiano en la muñeca. Puede causar dolor, entumecimiento y debilidad en la mano.

Bursitis olecraneana

Es la inflamación de la bursa ubicada en el codo, específicamente detrás del hueso olecranon. Puede ser causada por traumatismos, presión prolongada o enfermedades inflamatorias.

Epicondilitis/Epitrocleitis o codo de tenista/golfista

Son inflamaciones de los tendones que se insertan en los epicondilos del codo. La epicondilitis afecta el lado externo del codo (codo de tenista), mientras que la epitrocleitis afecta el lado interno (codo de golfista).

Inestabilidad del hombro

Se refiere a la incapacidad de la articulación del hombro para mantener la cabeza del húmero dentro de la cavidad glenoidea. Puede ser causada por lesiones, hiperlaxitud o debilidad muscular.

Bursitis subacromial

Es la inflamación de la bursa (una bolsa que se rellenade líquido que actúa como cojín entre tendones, músculos y huesos) situada debajo del acromion. Esta condición puede causar dolor y limitación de movimiento.

Capsulitis adhesiva o hombro congelado

Es una condición en la que la cápsula articular del hombro se inflama y se engrosa, lo que lleva a dolor y restricción de movimiento en el hombro.

Rotura del manguito rotador

Es una ruptura o desgarro de uno o más tendones del manguito rotador. Puede ser parcial o completa y puede ser causada por un trauma o desgaste a lo largo del tiempo.

Tendinopatía del manguito rotador

Es una lesión de los tendones del manguito rotador, los cuales rodean la cabeza del humero. Esta condición implica inflamación, calcificaciones, degeneración o rotura de estos tendones.

Contracturas musculares en cuello

Es un aumento de tensión o disfunción en los músculos del cuello que pueden causar dolor y limitación en el movimiento.

Torticollis

Es una condición en la cual la cabeza se inclina hacia un lado debido a una contracción muscular sostenida en el cuello. La fisioterapia puede ayudar a aliviar la tensión muscular y corregir la postura.

Radículopatías cervicales

Son trastornos que afectan las raíces nerviosas en la región cervical, causando dolor, debilidad y otros síntomas. La fisioterapia puede ser beneficiosa en el tratamiento de estos trastornos, ayudando a reducir el dolor y mejorar la función.

Hernias discales cervicales

Se refiere a la protrusión del disco intervertebral en la región cervical, lo que puede presionar los nervios cercanos causando dolor y otros síntomas. La fisioterapia puede ayudar a aliviar el dolor, mejorar la movilidad y fortalecer los músculos que soportan la columna cervical.

Cervicalgia

Es el dolor en la región cervical o del cuello. Puede ser causada por diversas razones, incluidos problemas musculares, óseos o nerviosos. La fisioterapia se enfoca en mejorar la movilidad, fortalecer los músculos y corregir posturas inadecuadas para aliviar el dolor.

Articulación Temporo Mandibular (ATM)

Es la articulación que conecta la mandíbula con el cráneo. Los trastornos de esta articulación pueden causar dolor en la mandíbula, cara, oído y cuello. La fisioterapia puede ayudar a mejorar la movilidad de la articulación y a reducir el dolor y la inflamación.

Migrañas

Son dolores de cabeza recurrentes e intensos que pueden durar de horas a días. A menudo se acompañan de náuseas, vómitos y sensibilidad a la luz o al sonido. La fisioterapia puede ser útil en la prevención y tratamiento de las migrañas, especialmente cuando estas están relacionadas con problemas musculares o posturales.

Cefalea tensional

Es un tipo de dolor de cabeza y cuello causado por la tensión y contracción muscular en el área del cuello y la cabeza. Es la forma más común de dolor de cabeza y se cree que está relacionada con el estrés, la ansiedad o las malas posturas. La fisioterapia puede ayudar a aliviar la tensión muscular y mejorar la postura, lo que a su vez puede reducir la frecuencia e intensidad de las cefaleas.

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y gana en vida

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Requisitos imprescindibles: Conocimientos altos en ecografia, formación en técnicas de fisioterapia invasiva (punción seca, EPI…), experiencia trabajando con pacientes privados, se valoraran otro tipo de especialidades.